México encabeza y forma encabeza primeras posiciones en energías renovables y minerales críticos en una basta región de América Latina y el Caribe, lo cual representa el 69% de la generación eléctrica en el mundo señala un análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Cabe destacar que dicha región sigue siendo un importante productor de energía, toda vez que la producción de petróleo en 2024 fue de aproximadamente 9,7 millones de barriles diarios, y también cuenta con una base considerable de recursos de hidrocarburos.
De igual forma, esta región es crucial para los minerales críticos. Chile, Perú y México suman aproximadamente el 37% de la producción mundial de minas de cobre. En tanto, el triángulo del litio conformado por Argentina, Bolivia y Chile posee en torno a la mitad de los recursos mundiales de litio. Sin embargo, México posee grandes reservas de litio en Sonora y una vasta región del norte del país, según reportes de autoridades mexicanas.
En esta economía mundial más fragmentada, ambos son activos estratégicos y suponen una oportunidad real para América Latina y el Caribe.
Lo cierto es que dicha región puede aprovechar esta oportunidad, al retener mayor valor en sus países y convertirse en un eslabón crítico más fiable de las cadenas mundiales de suministro.
Esto se traducirá en un crecimiento más rápido de la productividad, mejores empleos y mayores ingresos por exportaciones.
Sin embargo, al aprovechar plenamente las ventajas será fundamental contar con una base sólida de resiliencia, inversión y alianzas basadas en la confianza.
Sin embargo, como el panorama mundial ha cambiado en las dos últimas décadas, la producción y las cadenas de suministro mundiales han pasado a estar más concentradas.
Lo anterior suscita inquietudes sobre posibles cuellos de botella: allí donde una mayor dependencia de bienes menos sustituibles se combina con mayores riesgos de perturbaciones. Por ejemplo, en los distintos mercados de minerales críticos, los tres países que lideran el refinado representan, en promedio, el 86% de la capacidad de procesamiento.
Sin embargo, los acontecimientos de esta década, en la que se han sucedido una pandemia y varias guerras, nos han enseñado que las cadenas de suministro no son solo una consideración logística para las empresas, sino que también tienen un impacto macroeconómico.
A su vez, en las últimas semanas, el conflicto en Oriente Medio nos lo ha vuelto a recordar.
Es por lo anterior que las perturbaciones afectan a sectores concentrados y de difícil sustitución, en especial el energético y de insumos estratégicos, los efectos pueden manifestarse con rapidez en la inflación, el producto, la inversión y la confianza.
La fragmentación geoeconómica también afecta a los patrones comerciales y de inversión en sectores estratégicos, como son las cadenas de suministro energético y de minerales críticos.
Así pues, la oportunidad que se presenta para América Latina y el Caribe es doble: reducir las vulnerabilidades internas mediante cadenas de suministro más resilientes y convertirse en un proveedor de confianza y fiable en el exterior, en concreto, de materiales procesados y no solo de materias primas.
El Independiente